Cuando se da un paso atrás y se observa a lo largo del tiempo, el patrón se vuelve más claro. Las setas no suelen provocar un gran cambio perceptible. Actúan de forma más silenciosa. Aligeran un poco las comidas. Un poco más equilibradas. Un poco más satisfactorias. Y como son fáciles de incluir -en huevos, salteados, sopas, arroces- tienden a quedarse una vez que se convierten en un hábito. De ahí viene la diferencia. No de comerlos una vez.
Sino de comerlos sistemáticamente. Por supuesto, no todo el mundo experimenta lo mismo. Para algunos, es una pequeña mejora. Para otros, apenas se nota. Pero lo que sorprende a la mayoría de la gente no es que los hongos sean poderosos.
Es que algo tan simple … Puede cambiar silenciosamente cómo se sienten sus comidas con el tiempo.