Una vez que los azulejos y la lechada vuelven a estar limpios, el verdadero truco es mantenerlos así durante más tiempo. Después de cada ducha, retira el agua de las paredes con una escobilla o limpia las zonas más húmedas con una toalla. Se tarda menos de un minuto, pero evita que la humedad, los restos de jabón y los minerales vuelvan a secarse en las líneas de lechada.
La ventilación también importa. Deje la puerta del baño abierta siempre que pueda, encienda el ventilador después de ducharse y evite dejar toallas húmedas contra las paredes alicatadas. A la lechada le encanta la humedad atrapada, así que cualquier cosa que ayude a que la habitación se seque más rápido facilitará la próxima sesión de limpieza.
Cuando la lechada esté completamente limpia y seca, puede protegerla con un sellador de lechada. Espera al menos un día entero tras la limpieza en profundidad y sigue las instrucciones del sellador que elijas. Esto ayuda a rellenar los pequeños poros para que la suciedad y la humedad no se asienten tan rápidamente. No hará que tu baño se limpie solo, pero te dará una ventaja mucho mayor. A partir de ahí, una limpieza semanal con agua tibia y jabón suave suele ser suficiente para mantener el aspecto brillante y fresco. Así evitarás que las temidas líneas grises vuelvan a aparecer con demasiada rapidez.