1. Utilizar el mismo producto
Uno de los errores más comunes en la limpieza del cuarto de baño es tratar todas las superficies exactamente con el mismo producto. Parece eficiente, ¿verdad? Un pulverizador, un paño, una vuelta rápida por la habitación y ya está. El problema es que los cuartos de baño están llenos de materiales muy diferentes. El cristal, el cromo, la porcelana, la piedra sellada, la lechada, las paredes pintadas y las bañeras acrílicas no responden todos bien al mismo limpiador. Lo que funciona de maravilla en el lavabo puede dejar rayas en el espejo o dañar un acabado más delicado con el tiempo.
Aquí es donde muchas personas empeoran accidentalmente el aspecto del cuarto de baño al intentar mejorarlo. Un producto fuerte sobre el espejo puede dejar marcas turbias. Un limpiador fuerte sobre piedra natural puede deslustrar la superficie. Algo demasiado espumoso en los accesorios cromados puede crear residuos que hacen que los grifos vuelvan a tener manchas casi de inmediato. Incluso cuando no se produce ningún daño real, el uso de un limpiador inadecuado puede hacer que acabes limpiando más, aclarando durante más tiempo y preguntándote por qué la habitación nunca tiene un aspecto bien pulido cuando terminas.
¿Qué hacer en su lugar? Adecue el limpiador al trabajo. Utiliza un producto apto para cristales o incluso un simple paño de microfibra húmedo para los espejos. Utiliza un limpiador suave para el lavabo, el exterior del inodoro y las superficies de la ducha que puedan soportarlo. Compruebe las etiquetas antes de utilizar productos fuertes para la piedra, los acabados especiales o las bañeras acrílicas. Si quieres simplificar las cosas, elige una pequeña gama de productos básicos fiables en lugar de uno que lo haga todo. Puede parecer menos práctico al principio, pero en realidad te ahorra tiempo porque cada superficie se limpia más rápido y mantiene su buen aspecto durante más tiempo.