11. Las aulas heladas de las escuelas al aire libre (década de 1920)
En las primeras décadas del siglo XX, la tuberculosis era una amenaza devastadora para la salud pública en toda Europa y Norteamérica. Convencidas de que el aire fresco y la luz del sol constantes eran los mejores medicamentos preventivos, las autoridades educativas construyeron «escuelas al aire libre» en las que las aulas carecían de paredes tradicionales o sistemas de calefacción, incluso en pleno invierno.
Lo fascinante de esto era que los jóvenes estudiantes iban abrigados con gruesos y pesados abrigos de invierno, guantes y gorros mientras se sentaban en sus pupitres al aire libre. Aunque es posible que los niños de entonces estuvieran extraordinariamente concentrados, intentando escribir en cursiva o resolver problemas matemáticos con los dedos congelados a temperaturas bajo cero, esto supondría una clara violación de los códigos modernos de bienestar estudiantil. Se erige como un escalofriante recordatorio de las medidas extremas que se tomaban antes de la llegada de los antibióticos modernos.
12. Carreras de yates de hielo de alta velocidad (siglo XX)
A principios del siglo XX, los vehículos más rápidos del planeta no eran las locomotoras de vapor ni los primeros automóviles, sino los yates de hielo. Originarios de las aguas heladas del río Hudson en Nueva York, estos enormes esqueletos de madera estaban equipados con patines de hierro y gigantescas velas de lona. Con vientos invernales favorables, estas elegantes embarcaciones podían alcanzar velocidades asombrosas de hasta 113 km/h, deslizándose sin esfuerzo sobre el hielo sólido. Los industriales adinerados invirtieron fortunas en construir los barcos de hielo más grandes y rápidos para competir en regatas invernales de alto nivel. Hoy en día, los cambios en los patrones climáticos y los deportes de motor invernales modernos han convertido este elegante fenómeno invernal impulsado por el viento en una rareza histórica.