21. La máquina expendedora de bronceado (1949)
Mucho antes de que se comprendieran ampliamente los peligros de la radiación ultravioleta y el cáncer de piel, un bronceado intenso se consideraba el símbolo definitivo de salud, ocio y lujo. En la Convención Anual de Máquinas Expendedoras celebrada en Chicago en 1949, una nueva innovación acaparó toda la atención: una máquina expendedora que funcionaba con monedas y rociaba loción bronceadora directamente sobre los clientes.
Por solo diez centavos, un usuario podía coger una boquilla pulverizadora y cubrirse de aceite protector en una playa pública, un parque o una pista de tenis. El concepto de la aplicación química automatizada y sin regulación en espacios públicos es un vestigio de la cultura de la comodidad de mediados de siglo. Hoy en día, la idea de utilizar una manguera pública comunitaria para rociar aceites de origen desconocido sobre la piel pone de relieve una época pasada de confianza despreocupada y sin reservas en la automatización.
Crédito de la foto: Wikimedia Commons
22. La Torre Eiffel en construcción (1887)
La imagen de arriba muestra la Torre Eiffel cuando aún estaba en construcción. En lugar del elegante monumento que los turistas fotografían hoy en día, la torre aparece como una base de esqueleto de hierro desnudo que se eleva hacia el cielo de París. No hay palos para selfies, colas para comprar entradas, barreras de cristal ni miradores pulidos. Solo metal, mano de obra y una ciudad que observa cómo algo extraño se eleva por encima de ella.
Fotografías como la anterior invierten lo que conocemos. Hoy en día, estos monumentos parecen permanentes. Pero la cámara los capta en su momento más vulnerable: sin terminar, torpes y aún sujetos a la duda. Cada monumento famoso fue en su día una obra en construcción.