Al principio, sus amigos pensaron que estaban bromeando. Al fin y al cabo, ¿quién ve un grupo de contenedores de transporte estropeados y se imagina un proyecto de futuro que merezca la pena llevar a cabo? La pareja explicó que querían llevar los contenedores a su propiedad y transformarlos en algo completamente nuevo. La sala se llenó inmediatamente de risas. Algunos amigos pensaron que era una idea divertida. Otros estaban convencidos de que la pareja abandonaría el proyecto en unas pocas semanas.
El escepticismo no hizo más que crecer cuando empezaron a investigar qué se necesitaría para trasladar los contenedores. Transportar algo tan grande no es sencillo. Se necesitarían camiones especializados. Habría que alquilar maquinaria pesada. Habría que conseguir los permisos necesarios. Todas las empresas con las que contactaron parecían ofrecer otro presupuesto desorbitado. Las cifras eran suficientes para que la mayoría de la gente desistiera. Varios amigos les animaron a hacer precisamente eso.
Pero la pareja ya se había encariñado con la idea. Cuantos más obstáculos encontraban, más decididos estaban a demostrar que el proyecto podía funcionar. Pronto tendrían que tomar una decisión.