Cuando tu gato amasa tu regazo
El amasamiento puede parecer maravillosamente serio. Un gato se sube a una manta, un cojín o el estómago de algún humano desafortunado y empieza a presionar sus patas con un ritmo constante, como si estuviera preparando masa para una panadería muy pequeña. Algunos ronronean. Otros miran fijamente a lo lejos. Otros usan sus garras lo justo para recordarte que el amor tiene consecuencias.
Este comportamiento suele remontarse a la etapa de gatito. Los gatitos pequeños presionan sus patas contra su madre mientras maman, por lo que el movimiento está ligado a la comodidad, el calor y la seguridad. Muchos gatos siguen haciéndolo de adultos cuando se sienten relajados o especialmente a gusto.
Eso significa que amasar suele ser un cumplido, incluso cuando tus muslos no estén de acuerdo. Tu gato puede estar diciendo, a su manera de patas suaves: «Este lugar me da seguridad». Una manta, una cama o tu regazo pueden formar parte de ese ritual de comodidad. Si las garras son demasiado afiladas, colocar una manta más gruesa entre tú y la máquina de hacer galletas puede salvar el momento sin rechazar el mensaje.