Su tío le dejó una vieja casa en las montañas y ella descubrió lo que escondía..

Clara se puso en contacto con el archivo que Mark había nombrado. Una semana después llegó un historiador. Era un hombre tranquilo y profesional que palideció en cuanto Clara le condujo al túnel. Al cabo de un mes, un pequeño y discreto equipo empezó a inspeccionar el túnel. La casa no se vendió; se convirtió en un lugar de inmensa importancia histórica, aunque permaneció oculta al público.

Clara se quedó en la casa de la montaña mucho más tiempo del previsto. Todas las tardes se sentaba en el escritorio de Mark para contemplar las cumbres. Pensó en los mapas y en las largas y frías noches que su tío había pasado escuchando respirar a la montaña. Comprendió la expresión de Ida: el reconocimiento de una carga compartida por los pocos que la conocían.

La casa ya no parecía una prisión, sino un escudo. Había sido construida para guardar un secreto y había hecho bien su trabajo. Clara miró el último mapa del terreno y se dio cuenta de que veía el mundo como Mark. Fiable. Privado. Un hombre que cumplía su palabra. Cogió un bolígrafo y, en una nueva página del cuaderno de bitácora, escribió la fecha y una sola palabra: Despejado.