Compró una maleta sin reclamar en una subasta y lo que descubrió en su interior le dejó atónito..

Las palabras no estaban en el idioma que esperaba. Estaban en inglés. Un inglés claro y nítido. Bomba de infusión Chronos – Patente de 1924. Arthur leyó las palabras dos veces. Luego una tercera vez. Frunció el ceño. ¿Bomba de infusión? ¿Patente? Su miedo no desapareció de inmediato, pero cambió de forma. El objeto ya no parecía algo hecho en secreto. Parecía algo hecho con orgullo.

Apartó un poco más el terciopelo. Debajo del artefacto había un diario encuadernado en cuero, con las esquinas desgastadas. Arthur lo abrió con cuidado. La primera página estaba llena de una letra tan pulcra que casi parecía impresa. Había fechas, medidas, dibujos y notas sobre el sabor. «Vainilla», susurró Arthur. Volvió a mirar los frascos. El líquido ámbar no era veneno. Al menos, no lo parecía. El diario las llamaba esencias. Vainilla. Achicoria. Cáscara de naranja. Higo asado. Arthur se sentó lentamente, sintiendo que su miedo se convertía en asombro.