Todo el mundo tiene un hábito extraño que nunca admitiría. ¿Pero éste? La gente habla de él. Tiene que ver con bolsas de plástico. Y tus pies. Antes de que pases de largo, no es un truco. No es una broma viral ni un reto en las redes sociales. Es algo que se está extendiendo silenciosamente por foros, secciones de comentarios y comunidades de cuidado de la piel. Y las personas que lo prueban no lo hacen para reírse. Lo hacen porque funciona.
A primera vista, la idea parece descabellada. Las bolsas de plástico no están diseñadas para la piel. No son transpirables. No se parecen a las de un balneario. No tienen nada de lujosas. Pero de eso se trata. No se trata de lujo. Se trata de algo mucho más simple, un principio básico que la mayoría de las rutinas de cuidado de la piel se saltan accidentalmente. Sin sueros caros. Sin pasos complicados. Sólo un pequeño cambio que resuelve silenciosamente un problema que la mayoría de la gente ha dejado de intentar solucionar.
Entonces, ¿cuál es el problema? Eso es exactamente a lo que nos dirigimos a continuación: