Jack se movió primero. Despacio. Pasos cuidadosos por la cubierta. Los ojos escaneando todo. «La cubierta está despejada», dijo en voz baja. Andrew miró detrás de ellos. No había nada. Nadie escondido. Nadie herido. Sólo espacio vacío. La puerta de la cabaña estaba delante. Cerrada. Jack se detuvo frente a ella. Su mano se posó sobre el picaporte. Miró hacia atrás.
«…¿Estás listo?» Andrew asintió una vez. Jack tiró de ella para abrirla. La puerta crujió. Ambos se inclinaron hacia dentro y se quedaron inmóviles. Vacía. Completamente vacío. El timón se movió ligeramente con el movimiento del barco. La radio emitía música. En el salpicadero había unas gafas de sol. Sin tocar. Andrew entró, comprobando cada rincón.
«Aquí no hay nadie» Jack volvió a comprobar de todos modos. Detrás de los asientos. Almacén. Suelo. En el suelo. Nada. Se enderezó lentamente. «…No hay nadie en este barco» Los ojos de Andrew se movieron hacia el asiento del copiloto. Una cartera. Y junto a ella, un chaleco salvavidas. Aún perfectamente doblado. Exhaló lentamente. Se dio cuenta.
«No dejó este barco…» Jack le miró. Andrew le miró a los ojos. «…se cayó»