El personal se queda paralizado de miedo cuando un pitbull entra en el hospital llevando esto…

El motor del sedán rugió al arrancar, y los neumáticos chirriaron cuando Douglas metió la marcha atrás con brusquedad. La patrulla de policía acababa de detenerse junto a la acera, dejando salir a Valorian del asiento trasero. El perro no dudó. Al ver cómo el sedán se alejaba a toda velocidad con su chica dentro, se lanzó a correr, con las patas vendadas resbalando sobre el asfalto resbaladizo mientras intentaba perseguir al coche que se perdía en la oscuridad de la calle.


—¡Se la está llevando! ¡Se está escapando! —gritó Elena, corriendo hacia el coche patrulla del detective Vance mientras este se detenía derrapando. Vance no perdió ni un segundo. Abrió de par en par la puerta trasera y silbó con fuerza. Valorian, al darse cuenta de que no podía correr más rápido que el motor, dio media vuelta y saltó al asiento trasero, seguido al instante por Elena. 


Las sirenas del coche patrulla estallaron en un aullido ensordecedor, y las luces azules y rojas se reflejaban en la lluvia torrencial mientras salían a toda velocidad del aparcamiento del hospital envueltos en una nube de salpicaduras. Douglas estaba un cuarto de milla más adelante, zigzagueando entre el tráfico con una temeridad desesperada y letal.