Una de las primeras cosas que la gente nota después de comer unos cuantos dátiles al día no tiene nada que ver con la «salud». Son los antojos. Porque los dátiles son lo bastante dulces como para sentirse como un capricho, pero extrañamente saciantes al mismo tiempo. En lugar de provocar el habitual bajón de azúcar que se espera de los aperitivos dulces, muchos dicen sentirse satisfechos durante mucho más tiempo. Es entonces cuando el hábito empieza a sorprender a la gente. El picoteo vespertino se ralentiza. Los antojos aleatorios se vuelven menos agresivos.
Algunas personas incluso dejan de buscar caramelos o dulces procesados sin esforzarse demasiado. Y una vez que se investiga el porqué, la explicación empieza a tener más sentido. Los dátiles contienen fibra natural junto con sus azúcares, lo que ralentiza el proceso en comparación con los aperitivos muy procesados, que se disparan rápidamente y desaparecen con la misma rapidez. El resultado es más estable. No es dramático. Pero sí notablemente diferente. Por eso muchas personas que prueban el reto de los «dátiles de 3 días» dicen que la primera sorpresa real no es la pérdida de peso o de energía.
Es simplemente no sentir hambre todo el tiempo. Pero curiosamente, ese no es el cambio del que la gente sigue hablando después. Porque lo siguiente que muchos notan suele ocurrir por las mañanas.