Marco corrió a toda velocidad entre los árboles hacia su pesado tractor forestal, agachándose para evitar el haz de luz de las linternas de los cazadores furtivos. Llegó hasta la pesada máquina, se subió a la cabina cerrada de acero y giró la llave. El enorme motor rugió al arrancar con un estruendo atronador que rompió el silencio del valle.
Marco golpeó con fuerza la bocina de emergencia con la palma de la mano. Un sonido ensordecedor y continuo resonó en las paredes de la montaña. El efecto fue inmediato. Los cazadores furtivos se quedaron paralizados por el terror y dejaron caer las jaulas sobre la grava, al confundir el ruido y las luces amarillas intermitentes de emergencia con una redada policial inminente.
En ese mismo instante, el ruido ensordecedor despertó de golpe a la osa. Impulsada por una repentina descarga de adrenalina y por su instinto protector, la enorme osa salió disparada de entre los matorrales con un rugido que helaba la sangre. Al ver la gigantesca silueta de una osa enfurecida que se abalanzaba desde la niebla, los cazadores furtivos entraron en pánico, se subieron a toda prisa a su camioneta y se alejaron a toda velocidad por la montaña.