Un hombre pasó 17 años construyendo el Lamborghini de sus sueños en su sótano. Cuando por fin lo sacó a la calle, nadie daba crédito a lo que veían.

Cuando el Countach subió lentamente por la rampa y salió a la luz del sol, todos esos años de esfuerzo dieron sus frutos al instante. La elegante carrocería blanca brillaba exactamente igual que el legendario superdeportivo italiano que había inspirado el proyecto tantos años atrás. Las proporciones eran casi perfectas. Los paneles de aluminio fabricados a mano encajaban tan bien entre sí que la mayoría de la gente nunca habría sospechado que no eran de fábrica.

Las famosas puertas de tijera se abrían hacia arriba tal y como debían. El motor rugía con fuerza detrás del conductor. Desde cualquier ángulo, se veía inequívocamente que era un Countach. A los aficionados al motor que más tarde vieron el vehículo terminado les costaba creer que lo hubiera construido una sola persona en un sótano.

Muchos dieron por hecho que se trataba de un Lamborghini original. Otros pensaron que debía de haber sido montado a partir de un kit de réplica profesional. Muy pocos adivinaron la verdad.