Dijo que tenía miedo de sí mismo. No le interrumpí. Salí y saqué imágenes. Cámaras cerca de su casa. Esquinas de las calles. Postes de tráfico. Y ahí estaba. Noche tras noche, Walter saliendo de su casa. Sonámbulo.
No escabulléndose. No vigilando casas. Sólo avanzando, con la cabeza gacha, los ojos desenfocados. A veces deteniéndose en medio de la acera como si hubiera olvidado por qué estaba allí. A veces se frotaba la cara con fuerza, como si intentara despertarse.