Más tarde, los detectives esperaron suavemente su relato. Llegó en fragmentos, cada palabra frágil pero verdadera. «Papá nos dejó cuando yo era pequeña. Me encontró después del colegio y me dijo que mamá estaba enferma», susurró. «Me dio caramelos… dijo que me llevaría con ella. Me dio sueño» Arrugó la frente. «Cuando me desperté, estábamos en el bosque. Se enfadó cuando lloré»
A Elena se le hizo un nudo en la garganta cuando la niña describió el «campamento»: una tienda que olía a humo y a miedo, y un padre que gritaba. «Dijo que empezaríamos una nueva vida. Intenté huir», dijo. «Me trató mal. Grité. Entonces… Rover, así es como le llamaba, vino, no sé de dónde. Gruñó fuerte. Ya no tenía miedo»