Subió los escalones de uno en uno, con la pierna lesionada colgando. Al llegar al último escalón, asomó la cabeza dentro de la caja y cogió al gatito por el cuello, con suavidad, como lo haría un gato doméstico. Lily soltó un suspiro que empañó el cristal.
La lince se dio la vuelta para volver a bajar. Su pata lesionada tocó el peldaño. Y el alambre debió de engancharse en el borde de la madera, porque, de repente, tropezó y cayó por los dos últimos peldaños hasta la grava. El gatito salió rodando de su boca y quedó tendido en la escarcha, maullando a todo pulmón.
La madre intentó levantarse. Colocó las patas traseras debajo del cuerpo y, a continuación, la pata delantera sana. La pata con la férula se le dobló. Se tumbó junto a su gatito, respirando con rapidez, con los costados agitados. Walt esperó a que lo intentara de nuevo. No lo hizo.