La línea sonó cinco veces antes de que alguien contestara. La voz al otro lado era delgada, vieja y cuidadosa. «¿Diga?» Arthur se aclaró la garganta. «¿Profesor Varga?» Hubo una pausa. «Sí.» «Me llamo Arthur Bell. Siento llamar tan tarde, pero creo que puedo tener algo que le pertenece»
Siguió otra pausa. Duró tanto que Arthur pensó que la línea se había cortado. Entonces oyó un pequeño sonido, casi como una respiración entrecortada. «¿Una maleta de cuero?», preguntó el profesor. Arthur miró la maleta abierta que tenía sobre la mesa. «Sí. Con un dispositivo de latón dentro. Y un diario»
El anciano no dijo nada durante un momento. Luego se le quebró la voz. «Creí que había desaparecido para siempre» Arthur no supo qué decir. Al otro lado de la silenciosa línea podía oír al profesor intentando no llorar. De repente, la maleta le pareció aún más pesada que antes.