1. Empieza por lo más fácil
El método que probamos se llama «limpieza sueca antes de morir», y el nombre suena mucho más dramático que el proceso en sí. El «döstädning» («limpieza antes de morir») es un enfoque sueco que consiste en deshacerse poco a poco de las pertenencias innecesarias para que, tras la muerte, los seres queridos no tengan que ocuparse de clasificar las cosas de la persona fallecida. La idea se dio a conocer internacionalmente gracias a la autora sueca Margareta Magnusson y a su libro *El arte suave de la limpieza sueca antes de morir* ( 2017). La idea consiste en revisar tus pertenencias mientras aún eres capaz de decidir qué te quedas, qué descartas y qué podría ser útil para otra persona. Descubrimos que la mejor forma de empezar era con objetos cotidianos que tuvieran muy poco valor sentimental.
Empezamos por los cajones de la cocina, las toallas viejas, los utensilios que teníamos por duplicado, los productos de limpieza que no usábamos y las cosas que habíamos olvidado que teníamos. En esta fase, evitamos deliberadamente las fotografías, las cartas y los recuerdos familiares. La regla era sencilla: si usábamos algo, se quedaba. Si no lo habíamos tocado en años y no podíamos imaginar que lo fuéramos a necesitar pronto, lo tirábamos. Eso hizo que las primeras decisiones fueran sorprendentemente fáciles.
Si quieres probarlo tú mismo, empieza por una zona pequeña en lugar de por toda una habitación. Basta con un cajón, una estantería, un armario o una caja. Primero, retira la basura; después, separa las cosas útiles de los duplicados y los objetos olvidados. Dona lo que aún esté en buen estado y recicla lo que puedas. Terminar un espacio pequeño nos dio un resultado rápido, y ese pequeño avance hizo que fuera mucho más fácil seguir adelante.