La mayoría de nosotros tenemos un armario, un cajón, una habitación que no usamos o un garaje al que evitamos acercarnos. Las cosas se van acumulando poco a poco con el paso de los años y, al poco tiempo, parece que cada estante contiene algo que podríamos necesitar «algún día». Nosotros mismos habíamos llegado a ese punto. No había ningún problema grave, pero la casa parecía más llena de lo habitual y encontrar las cosas se estaba volviendo más frustrante de lo que debería.
Ya habíamos intentado ordenar de la forma habitual anteriormente. Llenamos unas cuantas bolsas, despejamos una estantería y nos sentimos satisfechos durante una o dos semanas. Pero, de alguna manera, el desorden volvía a aparecer. Esta vez, decidimos probar un enfoque muy diferente con el que nos habíamos topado recientemente: la «limpieza sueca de la muerte». El nombre sonaba bastante extraño y, al principio, no estábamos seguros de si nos parecería demasiado serio. Aun así, la idea que había detrás tenía tanto sentido que quisimos darle una oportunidad.
Lo que ocurrió nos sorprendió. El método no consistía en tirar todo, dejar la casa vacía o deshacernos de cosas que nos encantaban. Era mucho más reflexivo que eso. Y lo más importante: nos dio una razón para tomar decisiones que llevábamos años posponiendo. Así es como lo probamos, paso a paso, de forma paulatina...