Por qué los problemas de memoria parecen «empezar» a partir de los 55 años

A menudo se habla de los 55 años como de un precipicio para el cerebro. En realidad, los problemas de memoria no empiezan de repente en un cumpleaños. Lo que suele ocurrir es más gradual: varios cambios que se han ido gestando durante años empiezan a hacerse patentes a partir de los 50 años. El cerebro envejece, el sueño se vuelve menos fiable, el estrés se acumula, la audición puede disminuir, la presión arterial y el azúcar en sangre pueden aumentar y algunas personas empiezan a tomar más medicamentos que pueden afectar a la concentración o la memoria. Si juntamos todo esto, los deslices cotidianos, como perder el hilo de una conversación, olvidar un nombre por un momento o necesitar más tiempo para aprender algo nuevo, pueden resultar mucho más evidentes que a los 35 o 45 años.

Eso no significa que las enfermedades graves sean inevitables. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA) de Estados Unidos afirma que los olvidos leves pueden ser una parte normal del envejecimiento, sobre todo cuando se trata de tardar más en aprender información nueva o de extraviar cosas ocasionalmente. La cuestión más importante es si los lapsus de memoria son simplemente molestos o si han empezado a interferir en la vida cotidiana. Olvidar dónde se han puesto las gafas es una cosa; perderse en una ruta conocida, tener problemas para gestionar las facturas o repetir la misma pregunta una y otra vez es diferente.

Así que la verdadera razón por la que los problemas de memoria parecen empezar a partir de los 55 no es que salte un interruptor. Es en esta etapa de la vida cuando el envejecimiento normal del cerebro, las condiciones de salud, las presiones del estilo de vida y, a veces, las primeras enfermedades empiezan a solaparse lo suficiente como para que la gente se dé cuenta por fin.