3. Burlete ligero
Una de las puertas traseras de Linda tenía una estrecha rendija por debajo, lo suficientemente grande como para dejar entrar una corriente constante de aire frío durante los meses más fríos. Había probado con la típica toalla enrollada, pero nunca se mantenía en su sitio. Cada vez que alguien abría la puerta, la toalla se movía y, tarde o temprano, tenía que agacharse y volver a colocarla en su sitio.
Un flotador de piscina ofrecía una solución más elegante. Linda cortó un trozo del tamaño del ancho de la puerta, lo forró con tela vieja y lo colocó a lo largo del borde inferior para que se moviera con la puerta en lugar de quedarse suelto en el suelo. La espuma blanda rellenaba gran parte del hueco, mientras que la tela hacía que pareciera menos algo sacado de una piscina. Y lo mejor de todo es que ya no tenía que estar recolocándolo constantemente.
La forma exacta de colocar la cinta dependerá de la puerta, así que comprueba siempre que nada interfiera en la apertura, el cierre o el umbral. El objetivo es simplemente reducir una molesta corriente de aire, no crear un obstáculo. Para Linda, la mayor mejora fue la comodidad. Un pequeño arreglo significó menos fríos en los tobillos y un motivo menos para agacharse junto a la puerta cada día.