El primer coche se detuvo justo antes de la curva. Luego otro. Y otro más. En cuestión de minutos, el tráfico en la carretera rural se paralizó por completo.
Al principio, los conductores pensaron que se trataba de una obstrucción rutinaria. Pero cuando salieron de sus vehículos, vieron lo que realmente ocurría: una manada de elefantes, de pie, hombro con hombro, cruzando la carretera.
No se movían. Y no dejaban pasar a nadie.