En su taller, la transformación comienza con un metódico proceso de limpieza. Enjuaga a fondo cada saco recogido, eliminando la suciedad, las pegatinas y los residuos orgánicos que podrían estropear la mezcla final. Una vez que los sacos se secan al sol, los clasifica en montones distintos según su textura y flexibilidad.
La organización es fundamental en su rutina diaria. Al agrupar los tipos de plástico similares, se asegura de que el material se funda de manera uniforme durante el proceso de calentamiento. Coge unas tijeras afiladas y corta rápidamente las bolsas limpias en tiras pequeñas y uniformes, lo que reduce drásticamente su volumen total.
A medida que los coloridos trozos van llenando sus cubos de recogida, su espacio de trabajo pasa de ser un punto de reciclaje a convertirse en un centro de fabricación. Lo que antes ocupaba varios contenedores grandes de almacenamiento ahora se compacta perfectamente en cantidades manejables. Una vez preparada la materia prima, instala su equipo de calentamiento al aire libre para la fase principal.