Cada mañana recorre las calles del barrio con un gran saco de malla, recogiendo lo que todos los demás tiran. Donde los vecinos ven basura antiestética enredada en las vallas o flotando en las cunetas, él ve una oportunidad. Su objetivo son las finas bolsas de plástico de la compra, que se tiran por miles tras haber servido apenas cinco minutos.
Mientras que la mayoría de la gente considera que estos envoltorios endebles son residuos inútiles y perjudiciales para el medio ambiente, él reconoce sus propiedades estructurales ocultas. Sabe que el plástico no es más que un polímero resistente diseñado para durar siglos. En lugar de dejar que acabe atascando los vertederos, se lleva el material desechado a su taller casero para sacar a relucir su verdadero potencial.
Para el ojo inexperto, su creciente montón de basura de colores parece carecer por completo de valor. Sin embargo, ha perfeccionado una técnica sencilla y económica que altera la densidad y la resistencia del plástico. En poco tiempo, estas bolsas endebles y olvidadas experimentarán un cambio radical que convertirá la basura gratuita en una auténtica mina de oro.