Lo que debería haber sido un simple cambio de bujías se convirtió en un calvario de tres horas. Hubo que desmontar tomas de aire, desconectar mangueras y cortar abrazaderas, todo ello en un estrecho vano motor. Algunas bujías estaban tan gastadas que apenas chispeaban, y una incluso desapareció en el chasis a mitad del trabajo, añadiendo una nueva oleada de frustración.
Después de sustituir los tubos de combustible podridos e instalar ocho bujías nuevas, el motor seguía negándose a funcionar al ralentí. El verdadero culpable estaba dentro de los carburadores: una aguja atascada por años de suciedad y combustible viejo convertido en jarabe. Una vez limpios y montados de nuevo, por fin llegó la recompensa. Con sólo cinco litros de combustible nuevo, el V8 volvió a rugir y a funcionar sin problemas. Por menos de 50 libras en piezas -y mucho sudor-, el YouTuber tiene ahora un Rolls-Royce en funcionamiento, con un pasado peculiar que incluye haber competido en la Prescott Hill Climb en 2011. Puede que siga perdiendo refrigerante, pero por ahora es la forma más barata imaginable de sentirse de la realeza.