Lo que ocurrió a continuación es lo que sorprendió a los espectadores. En lugar de seguir ignorando al cangrejo robot, los demás cangrejos parecen romper la formación y correr hacia él, casi como si respondieran a la misma señal de peligro que darían a uno de los suyos. Los mismos cangrejos que se habían amontonado para protegerse parecían extender ahora esa respuesta hacia el exterior, rodeando o acercándose al robot varado después de haber sido atacado.
Y eso es lo que hace que el momento sea tan extraño. Porque fuera cual fuera su reacción, no parecía importar que el cangrejo no fuera real. Al menos no en ese momento. Ya fuera por el movimiento, la forma, el instinto o algo relacionado con la situación en sí, los cangrejos reales parecían responder como si el robot siguiera perteneciendo a ese comportamiento protector. Y para los investigadores, ese tipo de reacción dice algo fascinante sobre cómo estos animales pueden reconocer la vulnerabilidad y el peligro bajo el agua. Todo empezó como un simple intento de estudiar más de cerca el comportamiento de los cangrejos.
Pero al final, el cangrejo robot ya no se limitaba a observar al grupo. De alguna manera, se había convertido en parte de él. Y esa era la parte que nadie esperaba.