Les habló de los gemidos. La forma en la oscuridad. El metal que flotaba hacia arriba. La cosa que se movía bajo el agua. El golpe. Y con cada detalle, el humor en el pueblo cambiaba. Porque la verdad era que Joaquim no era el único que había notado algo extraño últimamente.
Un hombre dijo que había oído ruidos extraños cerca del banco unas noches antes mientras revisaba trampas. Otro juró haber visto una curva negra en la superficie durante un segundo justo después del amanecer una semana antes, pero supuso que era madera flotante. Otro dijo que los peces llevaban días evitando ese tramo de agua. En una hora, la historia cobró vida propia.
Cuando el grupo decidió ir a verlo con sus propios ojos, ya nadie lo llamaba madera flotante. Fueron en dos barcas. Joaquim iba al frente del primero, aunque no por elección propia. Todos insistían en que si alguien sabía dónde volver a encontrar esa cosa, sería él.
Y cuando por fin llegaron a ese mismo tramo de río… lo vieron.