Cogió la linterna que guardaba cerca de su caja de aparejos y apuntó hacia el sonido. Al principio, el haz no mostró más que agua turbia y maleza a la deriva. Luego, durante un breve segundo, captó algo más. Una forma curva y oscura.
Se elevó lo suficiente como para reflejar la luz antes de volver a ocultarse, dejando sólo una tenue ondulación que se extendía por el agua negra. Joaquín retrocedió tan bruscamente que casi dejó caer la linterna al río. Había pasado suficiente tiempo en estas aguas como para saber cuándo algo era normal y cuándo no. Y lo que acababa de ver no le parecía normal en absoluto.
Era demasiado grande. Demasiado suave. Demasiado tranquilo. Se quedó quieto unos segundos, escuchando. Nada. Entonces volvió a oírse un gemido bajo la superficie, seguido de una exhalación húmeda y presurizada que parecía rodar por el agua misma. Joaquim sintió que se le erizaba el vello de los brazos.
Lo que había debajo de él… se había movido.