Un pescador brasileño creyó encontrar un monstruo fluvial, pero la verdad era mucho más extraña

No eran escamas. No era piel. Era goma. Una enorme tubería industrial, resbaladiza por las algas y manchada de marrón verdoso durante meses bajo el agua. Lo que había parecido un monstruo en la oscuridad era en realidad un enorme tramo de tubería industrial que se había soltado y había ido a la deriva hacia arriba, donde nunca debería haber estado.


Uno de los trabajadores explicó que se había soltado más adelante, en el lecho del río. El aire atrapado en el interior de la tubería había salido a la fuerza en extrañas ráfagas, creando el espeluznante gemido que Joaquín había oído en la oscuridad.

Los herrajes rotos habían flotado hacia arriba. Y la corriente había hecho el resto. Durante unos segundos, nadie dijo nada. Entonces alguien rió. Era el tipo de risa que sólo se produce cuando el miedo ya no tiene adónde ir.


Porque si hubieras visto sólo una parte de esa cosa elevarse junto a tu barco antes del amanecer… habrías pensado exactamente lo mismo que Joaquim.