Cuando por fin se abrió de nuevo la puerta del garaje, el descubrimiento fue casi surrealista. Dentro había un coche de 43 años con un aspecto asombrosamente nuevo. Había una gruesa capa de polvo, por supuesto. Pero debajo había una pintura muy bien conservada, un interior intacto y un coche que parecía más una cápsula del tiempo que un vehículo olvidado. Luego llegó el detalle que hizo aún más extraordinario todo el descubrimiento: El cuentakilómetros aún marcaba 12 kilómetros. Esa era básicamente la distancia entre el concesionario y su casa.
En otras palabras, el coche apenas había circulado. Su interior nunca había sido habitado. Su motor nunca había vivido la vida para la que fue construido. No era sólo un coche viejo. Era una pieza de museo conservada accidentalmente por el tiempo y la indecisión. Y ahora que por fin ha sido redescubierto, este coche intacto está a punto de empezar un capítulo muy diferente.
Tras décadas escondido, este utilitario olvidado va a salir a subasta.