La culpa de haberse enamorado había llegado incluso antes de que ella admitiera que se estaba enamorando. Le contó a Claire lo de Richard durante un paseo, preparándose, segura de que su hija lo sentiría como una traición a la memoria de Daniel. Claire se detuvo a mitad de camino y dijo: «Mamá. Daniel se habría puesto insufrible con lo mucho que le gustaba Richard» Helen se había reído y luego llorado.
Richard y Daniel no se conocían. Ésa era la herida en el centro de su relación con Richard: pequeña, silenciosa, permanente. Richard sólo conocía a Daniel a través de sus historias, fotografías y la caja de cartas que guardaba debajo de la cama. Le había dicho más de una vez que le hubiera gustado conocerlo. Helen le creyó.