Más ligera, menos acorazada, riendo de una forma que Ray no había visto desde que Claire estaba viva. Tocó el brazo de Samuel cuando habló con él. Miró a Ray una vez, directamente, con algo que no era del todo calidez pero que estaba más cerca de ella de lo que había conseguido en años.
Esa noche, Ray condujo hasta su casa dándole vueltas a la cabeza y, cuando llegó a la entrada de su casa, había llegado a una conclusión que, por primera vez en mucho tiempo, le pareció casi un alivio. Tal vez iba a estar bien. Samuel siguió apareciendo después de aquello: otra cena, un domingo por la tarde, un viaje de fin de semana que mencionaron casualmente de pasada.