«Señora, esos gemelos no se van», dijo la indigente a la puerta del orfanato… y todo cambió

De vuelta a casa, Nina hizo comprobaciones. El director se había jubilado hacía dos años. El chivatazo del asistente social era un callejón sin salida destinado a culpar a una cara, no a la política. El verdadero responsable era la Oficina Regional de Cumplimiento y Supervisión, la misma que había sido calificada de «ejemplar» en todas las auditorías. Alguien quería un chivo expiatorio, no una reforma.

La audiencia ética de Nina se avecinaba en dos días. Su red exigió que no nombrara a nadie y que sólo citara documentos públicos. Pero el expediente de formación era interno. Sin él, la historia se derrumbaría en una coincidencia. Con él, legal dispararía. Diez días hasta la votación. Se paseó, con las opciones arañándola.