Su bandeja de entrada volvió a sonar. Una notificación formal del comité de ética de su cadena: habían recibido una queja sobre su «contacto repetido y angustioso» con el personal y preguntas «fuera del ámbito de la información normal» Una amenaza cortés envuelta en procedimiento. Si la situación se agravaba, su programa podría ser censurado o interrumpido discretamente.
En la siguiente reunión editorial, su editor parecía realmente preocupado. «Ya han llamado a mi jefe», dijo. «Dicen que estás acosando a empleados vulnerables y confundiendo ‘práctica habitual’ con abuso. Si no tenemos cuidado, te tacharán de irresponsable» Nina preguntó: «¿Y si la ‘práctica habitual’ es el abuso?»