«Señora, esos gemelos no se van», dijo la indigente a la puerta del orfanato… y todo cambió

Nina abrió su portátil en la cafetería, respirando lentamente. Tres semanas se habían reducido a diecinueve días; la votación se había adelantado «por eficiencia» Ordenó sus notas en una línea de tiempo. La pantalla brillaba con los números, pero la historia seguía careciendo de una cosa necesaria: pruebas sólidas.

Esa noche recibió un correo electrónico de una dirección desconocida. «No te equivocas», decía. «Pero no lo estás viendo todo» Adjuntaba fotos borrosas de memorandos internos titulados «Revisión de colocación prolongada» Una línea final en texto plano: «Mira el anexo. Ahí es donde esconden el verdadero propósito»