Todo el mundo se había olvidado de él. Hacía un rato, la gente murmuraba frenéticamente sobre la visita de la policía, la asamblea, los rumores sobre su huida. ¿Y ahora? Nada. Lo habían borrado, absorbido por el fondo como si nunca hubiera existido. Shirley intentó concentrarse en el intento de broma de Tyler, en las luces que giraban sobre ellos, en la promesa de una noche normal.
Pero todo le parecía mal. Tal vez fuera el dolor que sentía cada vez que sus ojos se desviaban hacia las puertas. Tal vez fueran las risas forzadas que se arremolinaban en el gimnasio, un poco demasiado altas, un poco demasiado brillantes. O tal vez era simplemente que Richard debería haber estado aquí y no estaba.