El robo de identidad y no la traición, la violencia o los secretos habían creado la pesadilla. Sandra sintió una oleada de alivio tan poderosa que le hizo flaquear las rodillas. Las lágrimas corrieron por sus mejillas cuando el peso de todos sus miedos empezó a aflojar lenta y misericordiosamente.
Un médico y dos enfermeras regresaron disculpándose sinceramente por los aterradores protocolos. Explicaron que la urgencia era necesaria para proteger a los pacientes ante posibles amenazas. Sandra asintió entumecida, comprendiendo aunque le dolía el corazón por el terror que había soportado. Jake le apretó la mano, tranquilizándola.