Sandra le preguntó por la extraña tensión tras su viaje de negocios, y él suspiró. No había sido nada delictivo, sólo un conflicto con un compañero de trabajo que le había hecho sentirse humillado y agobiado. No había querido agobiarla durante su embarazo, y su silencio había proyectado accidentalmente una sombra mucho más oscura de lo que pretendía.
De repente, todas las cartas extrañas cobraron sentido: los avisos de deudas, las ofertas de crédito erróneas y las direcciones desconocidas. Las piezas encajaban dolorosamente. Alguien había estado utilizando su identidad durante meses, construyendo un rastro de daño que finalmente había chocado con el momento más vulnerable de sus vidas.