Las enfermeras la tranquilizaban débilmente, pero sus voces tenían más de lástima que de consuelo. Sandra sintió que su compostura se resquebrajaba. Cada intento de calmarla no hacía más que aumentar el temor que se apoderaba de su pecho, haciéndola sentir como un objeto frágil que alguien temía dejar caer.
Se sentía dividida entre el ferviente deseo de confiar en Jake y la aterradora posibilidad de que algo horrible hubiera salido a la luz sobre su pasado. Su mente vacilaba entre la lealtad y el miedo, y cada recuerdo se movía bajo ella como un suelo inestable. Sintió que el pánico se apoderaba de ella.