Sintió que la habitación se estrechaba a su alrededor, que cada pared se acercaba más. Los pitidos constantes del monitor se hicieron más fuertes, rompiendo el silencio. Su bebé se movía en el moisés, ajeno al caos. Sandra envidiaba aquella inocencia y el lujo de no saber, de no temer.
Sus pensamientos volvieron a la mirada de Jake después del viaje de negocios: la niebla en sus ojos y la sonrisa cansada que no le llegaba. Ella lo había considerado agotamiento, pero ahora el recuerdo la carcomía, agudo e insistente, como si la instara a reconsiderarlo todo.