«¿Su fecha de nacimiento?», continuó el agente, con voz baja pero firme. Sandra contestó automáticamente, los números salían de sus labios con una certeza mecánica. Cada pregunta le resultaba inquietantemente formal, como si estuvieran verificando la identidad de alguien a quien ya no reconocía del todo. Cada segundo que pasaba le oprimía el pecho.
«¿Domicilio anterior?», preguntó el siguiente agente, hojeando un pequeño cuaderno. Sandra enumeró los lugares donde habían vivido: apartamentos, casas de alquiler, la casa que ahora poseían. Observó cómo los agentes intercambiaban breves miradas. Se preguntó qué significaría cada detalle y qué estarían comprobando. El miedo se apoderó de su estómago.