Un pensamiento horripilante se arraigó en su interior: ¿pensaba el personal que Jake era peligroso? ¿Lo habían separado para protegerla a ella o al bebé? La idea le parecía surrealista, imposible, pero las pruebas la apremiaban por todas partes. Aferró con más fuerza a su bebé, intentando contener el pánico que crecía como una marea.
Sandra revivió la tensión del viaje de negocios de Jake. El silencio. La larga ducha que se dio después. Los ojos inquietos en la oscuridad. ¿Tenía miedo? ¿O había pasado algo, algo que no le había contado? La duda la roía implacable, difuminando la línea entre el recuerdo y la sospecha hasta que ya no supo en qué confiar.