Sandra confiaba plenamente en él. Nunca se preguntó si aquellas rarezas dispersas tenían alguna forma. Suponía que el mundo era desordenado y los registros imperfectos. Pero ahora, rodeada de enfermeras tensas y oficiales silenciosos, cada pequeño recuerdo empezaba a latir como una advertencia que debería haber notado antes.
Meses atrás, Jake había llegado a casa de un viaje de negocios inusualmente tranquilo, moviéndose por la puerta como alguien que lleva algo pesado dentro. Sandra lo saludó afectuosamente, pero él sólo le dedicó una sonrisa distraída antes de apartar la mirada. El cambio fue sutil, pero ahora se aferraba a su memoria con una claridad inquietante.