Repitió la discusión del pasillo y las suposiciones. Por fin comprendió que amar a Adam significaba amarlo en su totalidad: el bueno, el testarudo, el tonto y el amable. Las decisiones de Adam habían sido suyas. Los fracasos de Vance como padre importaban, pero no eran la única razón por la que la historia terminaba en esta curva.
Colocó la brújula en la barrera, exactamente donde el metal se había doblado una vez. «Te equivocaste en una cosa», dijo en voz baja. «No eras sólo un conductor. Tus decisiones importaban. Las mías también. Sigo aquí. Lo haré mejor con lo que me queda» Luego dio un paso atrás y dejó que el viento hiciera girar su aguja.