A solas con sus pensamientos, la curiosidad hizo que la inquietud se convirtiera en acción. Lauren sacó su portátil, la señal débil pero aguantando. Tecleó el apellido de Charles Winthrop y Mabel, y luego los registros públicos de la propiedad. Al principio, los resultados coincidían: una finca en el condado vecino, una tía anciana, un sobrino que figuraba como cuidador.
Las escrituras mostraban transferencias a lo largo de los años, el nombre de Charles figuraba en los poderes. Los recortes de prensa elogiaban la filantropía local y los sólidos lazos familiares. Lauren exhaló, casi aliviada. Todo parecía correcto: un patrimonio cuidado, una familia obediente. Sin embargo, la nota ardía en su mente, urgiéndola a seguir adelante.