Da cobijo a una anciana durante una tormenta de nieve. Al día siguiente, aparece un millonario y todo cambia..

La casa volvió a quedar en silencio, pero no vacía. Su presencia persistía: la abolladura en la silla de Mabel, el frío donde la puerta había permanecido abierta. Lauren se movió por las habitaciones, alisando cojines, sintiendo el espacio alterado, como si los ecos de las voces aún rozaran las paredes.

Junto a la chimenea, la bufanda de Mabel yacía olvidada, con la suave lana arrugada. Lauren la recogió y sus dedos encontraron una nota doblada entre sus pliegues. La tinta estaba manchada, pero era legible: «Pregunta por la casa… no olvides lo que querías» Se le aceleró el pulso, las palabras fueron un gancho silencioso en la quietud.