Vio cómo Charles alisaba el pelo de Mabel, cómo cada una de sus frases aterrizaba con cuidado, remodelando detalles perdidos en un retrato de suave supervisión. El pulso de Lauren latía irregularmente. El fuego calentaba la habitación, pero el familiar escalofrío de la duda se colaba susurrando preguntas que Lauren aún no podía formular.
Charles miró hacia la ventana, donde la nieve aún se arremolinaba débilmente. «Las carreteras podrían empeorar pronto», le dijo a Mabel con suavidad. «Deja que te lleve a casa, donde es seguro y familiar» Su voz seguía siendo suave y persuasiva, como si sugiriera un sillón favorito después de un largo día.