Mabel lo observó acercarse, con una sonrisa vacilante, una mezcla de alivio en su postura y desgana en la forma en que evitaba sus ojos, con los dedos plisando la colcha. «Charlie», dijo en voz baja, como si saludara a una canción conocida con una nota vacilante. Él le acarició la mano, paciente como la luz de la mañana.
Charles se acomodó en el sofá, suavizando la conversación. «Tiende a malinterpretar las cosas cuando está cansada», explicó con voz grave. «Espero que no te haya cargado con historias confusas, viejos recuerdos que se enredan» Su tono lo enmarcaba como un simple cuidado, nada más.